El mejor profesor de guitarra del mundo
Decir que alguien es “el mejor profesor de guitarra del mundo” puede parecer exagerado. Después de todo, existen miles de grandes maestros, músicos virtuosos y docentes extraordinarios. Sin embargo, cuando pienso en todo lo que representa Gustavo Suárez para mí, no encuentro una manera más honesta de describirlo.
Gustavo no solamente enseña a tocar la guitarra. Enseña a comprender la música, a escucharla con atención y a descubrir todo lo que puede esconderse dentro de un acorde, una melodía o una sencilla frase de blues.
Para mí, Gustavo Suárez es el mejor profesor de guitarra del mundo.
Un músico uruguayo con una vida dedicada a la guitarra
Gustavo Suárez nació en Uruguay y se radicó en Argentina en 1974. Después de una breve estadía en la Ciudad de Buenos Aires, se estableció en San Miguel, lugar en el que desarrolló gran parte de su carrera musical, docente y cultural.
Su relación con la guitarra comenzó muy temprano. Según una reseña dedicada a su trayectoria, toca desde los seis años y, cuando era niño, sacaba sillas a la vereda para sentarse a tocar. Creció en el barrio montevideano de Buceo, muy cerca de una figura fundamental de la música uruguaya: Eduardo Mateo. Por aquella casa también pasaban músicos como Ruben Rada, Jaime Roos y los hermanos Fattoruso.
Años después, ya instalado en Argentina, comenzó a estudiar música con mayor profundidad y a desarrollar una extraordinaria carrera como guitarrista y docente.
Gustavo fue discípulo y colaborador de Ricardo Pellican, uno de los grandes referentes argentinos de la guitarra de jazz. También integró Hot Club 4, una formación dedicada al jazz gitano, junto con Ricardo Pellican, el violinista Héctor López Fürst y el contrabajista Raúl Barrientos. El grupo llegó a registrar un trabajo en 1989 y dejó grabaciones de clásicos como Minor Swing, You Go to My Head y Limehouse Blues.
La Universidad Nacional de General Sarmiento también destaca su participación en diferentes proyectos y grabaciones junto con músicos como Ricardo Pellican, Hernán Alizieri y Adriana Nano.
Pero enumerar nombres, discos y conciertos no alcanza para explicar quién es Gustavo.
Puede tocar lo que se te ocurra
Quienes lo escuchamos tocar sabemos que posee algo muy especial. Podés nombrarle un estándar de jazz, una canción popular, un blues, una bossa nova, un tango o una obra de los Beatles y, de alguna manera, Gustavo encuentra el camino para llevarla a la guitarra.
No se limita a reproducir las notas. Comprende la estructura, la armonía, el ritmo y el lenguaje de cada género. Puede transformar una canción, reharmonizarla, crear un arreglo o explicar por qué un acorde funciona en determinado momento.
Su conocimiento de la teoría musical parece inagotable. Domina la armonía popular, los acordes de tres y cuatro voces, las sustituciones, las inversiones, el movimiento de las voces, la improvisación, el fraseo, el chord melody y los recursos propios del jazz y del blues.
Sin embargo, lo más admirable es que ese conocimiento no permanece encerrado en conceptos abstractos. Todo termina convertido en música.
Con Gustavo, la teoría no es una sucesión fría de nombres y fórmulas. Es una herramienta para entender lo que escuchamos y para ampliar nuestras posibilidades como músicos.
Saber música no es lo mismo que saber enseñar
Un gran instrumentista no siempre es un gran profesor. Tocar bien y enseñar bien son capacidades diferentes.
Gustavo reúne las dos.
Puede explicar un concepto avanzado de una manera clara, adaptarlo al nivel del estudiante y encontrar distintas formas de abordarlo. Si algo no se entiende por un camino, busca otro. Puede partir de una canción, de una posición en el diapasón, de una progresión armónica o de una pequeña frase y convertir ese material en una clase completa.
Sus lecciones no se reducen a copiar ejercicios mecánicamente. Cada tema se relaciona con otros: un acorde conduce a una escala, una escala conduce a una frase, una frase conduce a una canción y una canción abre la puerta a un universo armónico nuevo.
Esa manera de enseñar hace que el estudiante no solamente aprenda a mover los dedos, sino también a pensar y escuchar como músico.
Además, Gustavo sabe observar. Reconoce las fortalezas del alumno y también aquello que necesita desarrollar. No intenta fabricar guitarristas idénticos. Ayuda a cada persona a encontrar su propia voz.
Más de cuatro décadas enseñando
En 2022, un espectáculo realizado en el Teatro Marechal celebró sus cuarenta años de docencia musical. No se trata únicamente de una cifra: son generaciones de guitarristas que pasaron por sus clases, aprendieron de él y llevaron algo de su enseñanza a sus propios proyectos.
Su compromiso docente también puede verse en Cuerdas del Conurbano, un ciclo creado para ofrecer un espacio a músicos y estudiantes de la región. El proyecto comenzó con pequeños conciertos en la casa de su madre, en Trujui, y fue creciendo hasta convertirse en una actividad cultural sostenida durante décadas.
En esos encuentros, sus estudiantes pueden compartir escenario, mostrar lo que aprendieron y vivir la música fuera de la sala de estudio. Según La música es del aire, este trabajo también contribuyó al nacimiento de La Caldera, un centro cultural por cuyo escenario pasaron artistas como Lito Epumer, Mono Fontana, Raúl Carnota, Walter y Javier Malosetti, Beto Satragni y Armando Alonso.
Gustavo también organizó, junto con Daniel Mamani, el Festival de Tango y Jazz de San Miguel durante doce años. Su perfil público lo presenta como docente, guitarrista, compositor, arreglador y organizador cultural.
Es decir, no se limitó a desarrollar su propia carrera: también trabajó para que otros músicos tuvieran un lugar donde tocar y ser escuchados.
CandomBeatles: tradición y creatividad
Otro de sus proyectos es CandomBeatles, un dúo integrado por Gustavo Suárez en guitarra y Willy Pérez en percusión. La propuesta reinterpreta canciones de The Beatles a través de ritmos rioplatenses como el candombe.
El proyecto demuestra algo esencial de su personalidad musical: el respeto por las obras originales no le impide experimentar. Gustavo puede tomar una canción universalmente conocida, descubrir posibilidades nuevas y llevarla hacia la identidad musical del Río de la Plata.
CandomBeatles no es solamente un homenaje. Es un encuentro entre culturas, épocas y lenguajes musicales.
Lo que significa estudiar con un verdadero maestro
Tengo la fortuna de ser alumno de Gustavo. En sus clases estudié acordes de jazz, blues, armonía avanzada, acordes de tres y cuatro voces, repertorio, fraseo, arreglos y chord melody. Sin embargo, lo más importante no puede anotarse por completo en un cuaderno.
Gustavo me hizo sentir que la guitarra todavía guarda territorios infinitos por descubrir.
Cada clase puede comenzar con una duda pequeña y terminar abriendo una puerta enorme. Siempre aparece un acorde que nunca había considerado, una forma diferente de acompañar o una conexión musical que cambia mi manera de entender el instrumento.
Estudiar con él también me recuerda que aprender guitarra es un camino continuo. No importa cuánto sepamos: siempre existe otra posibilidad armónica, otra forma de interpretar una melodía y otra manera de expresar lo que sentimos.
Y eso es algo que solamente puede transmitir un maestro que continúa viviendo la música con curiosidad y pasión.
El mejor profesor de guitarra del mundo
No afirmo que Gustavo sea el mejor porque haya una competencia universal capaz de medir a todos los profesores. Lo digo desde mi experiencia, desde lo que aprendí y desde la admiración que siento cada vez que lo escucho tocar o explicar música.
Para mí, el mejor profesor es aquel que posee un conocimiento enorme, pero no hace sentir pequeño al estudiante.
Es quien puede mostrar todo lo que sabe sin convertir la clase en una demostración de superioridad.
Es quien exige, acompaña, inspira y consigue que el alumno desee volver a tomar la guitarra.
Es quien no solamente transmite información, sino también amor por el arte.
Gustavo Suárez reúne todas esas cualidades. Es un guitarrista excepcional, un profundo conocedor de la música, un arreglador creativo, un trabajador incansable de la cultura y, por encima de todo, un verdadero maestro.
Por eso puedo decirlo con absoluta sinceridad:
Gustavo Suárez es el mejor profesor de guitarra del mundo. Al menos, lo es en el mundo que la guitarra abrió para mí.

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